Cultura

El diseño, entendido como una disciplina proyectual, es capaz de reflejar la cultura de la que se es partícipe, realizando una tensa composición (artística, estética, política, social, económica y cultural) sobre el modo en que las personas interpretan cada aventura visual. De esta manera, el color, la tipografía, la identidad (una de las concepciones más polemizables) y cualquier propuesta de sistema, en la que se incluye la misma concepción intrínseca de 'diseño gráfico', corresponden a una expresión específica, una postura acerca del diseño y el contexto en que la sociedad se desarrolla.

La expansión de cualquiera de estas percepciones, que nos hacen ser lo que somos (y hacer lo que hacemos) influye en la forma de pensar, sentir y actuar en el mundo; un campo infinito de posibilidades, inestabilidades y acciones que manifiestan aquello que tiene su fin en el desocultamiento. Es a través del diseño y la proyectación –a la que destaco como parte importante de una cultura del hacer- que se intentará estimular dicha transformación como un posible horizonte que las sociedades puedan comenzar a vislumbrar.